martes, 7 de julio de 2015

TRIATLON BOLA DEL MUNDO 2015




Por tercer año consecutivo vuelvo a sentir en mis piernas lo que supone subir en bici de carretera el temible piso de hormigón que con descomunales rampas asciende a la bola del mundo. Este triatlón me encanta, desde la primera vez que vi que se iba a celebrar, me ilusioné con él. Sólo el trayecto del mismo, en sus tres disciplinas, era y es de mi total agrado. Duro, pero sobre todo, diferente a la mayor parte de triatlones donde nunca disfruto el ciclismo que es lo que más me gusta. Dar vueltas a un circuito de rotondas y conos por todos lados cada día me gusta menos, y estar pendiente del reloj, menos aún. Así que aquí disfruto mucho más, aunque esta última edición sufrí también un poco más.

 

Mal año para entrenar, siempre a destiempo, sacando horas o escasos minutos al día a día, o simplemente haciendo ganas donde muchas veces no las había. Maldito año 2015, algún día acabará esta maldita racha personal y mi cabeza se centrará un poco. Eso espero.

 

El madrugón es de órdago. A las 4:45 suena el despertador, hay que estar en el embalse de Navacerrada a las 6 de la mañana. A las 7 salen los del Half y 20 minutos después el olímpico. Casi no desayuno, unas galletillas y un café. Sabía lo que habría con el madrugón y cené bien a última hora de la noche. Todo controlado. Salgo dirección Navacerrada con tráfico nulo, qué bien se va tan tranquilo, añoro no poder vivir en la sierra siempre. Algún día me iré de la fea ciudad. Cuando llego aparco cerca del camino que conduce a los boxes junto al pantano, ya hay mucha gente. En boxes me encuentro con Iván del club, qué alegría, no recordaba que me dijo que iba a venir. También hablo con  Juli, del club de trail al que ambos pertenecemos, los Bambis Trail, y le ayudo en la busca de un juez para que solucionen su problemón, el cobarde a perdido el chip. Solventado el problema se va para el agua, sin chip eso sí, y empieza su carrera.

 

Iván y yo hablamos ya con el neopreno puesto y vamos para la orilla, nos ponemos bien adelante para salir de los primeros y un poco a la derecha para pasar lo mejor posible la primera y cercana boya. La natación es lo que menos he entrenado pero me conozco bien y se lo que tengo que sufrir para no reventar así que cojo mi ritmo y esta vez además creo que lo hago bastante bien orientado. Salgo del agua y me encuentro bastante bien, mejor que en las otras dos ediciones. He hecho 25:44 en estos 1.500 metros. Para mi sorpresa al entrar en boxes veo a Iván que corre en busca de su bicicleta. Hemos salido a la par y me da algo de vidilla, él es un excelente nadador, y no es que yo haya estado de la leche, supongo que él no ha estado todo lo bien que hubiese querido.
 

 

Salimos en la bici y empezamos con repechaco duro en el mismo pueblo. Me jode no saber quienes son mis contrincantes en la categoría. Este año tengo especial ilusión en hacer podium de mi ggee. El año anterior hice el quinto puesto y este año pese a las adversidades personales, y en concreto el último mes y medio, he entrenado bastante para esta prueba. Eso sí, debo decir que he entrenado A MI BOLA. En boxes me encontré con Ruth, la entrenadora de mi club, y la confesé que no abría sus entrenos desde hacía tiempo, vamos que he hecho lo que me apetecía, siempre encaminándolo un poco a esta prueba. Tras el repecho y al salir del pueblo viene la única bajada del recorrido que la hacemos a todo trapo hasta girar dirección Mataelpino donde empieza una subida. Aquí este año no pienso regular mucho y me engancho a un buen grupito que vamos juntos hasta bien entrando el puerto de Navacerrada donde cada uno coje su ritmo. Voy bastante bien, la temprana hora veraniega me viene al pelo. Odio el calor sofocante. Corono el puerto, veinte metros llanos, un par de feas curvas, arena, asfalto malo, después hormigón y rampones para todos.

Que manera de retorcerse uno encima de la bici. Se que hay que sufrir mucho hasta boxes aprovechando esos mini descansos al 14% y así se pasa esta pedazo de subida. Ayudan mucho los ánimos de toda la gente que sube hacia este lugar carismático de la Sierra de Guadarrama así como la de familiares y amigos de los participantes. También Ruth está arriba y me dice que voy muy bien. Debo andar por el puesto 20 y eso me deja pensando si más o menos puedo andar entre el 3 o 4 de mi ggee. Hago todo lo rápido que puedo la T2 después de haberme confundido de bolsa y abrir la de mi compañero de al lado. Me pongo el cinturón de hidratación, esta será la última vez que me lo ponga, y salgo a la carrera. Menuda mierda de cinturón.

 


Nada mas salir noto calambres en la pierna izquierda. En las otras dos ediciones me pasó igual y sé, o creo, que se me pasará. Pero no es sólo eso. También me noto muy cansado de repente. En la bici he sufrido, porque es irremediable, pero me encontraba bien. Ahora no. Tras la primera subida inicio el descenso y voy rapidillo, dejo atrás a dos compañeros de viaje. Toca subir a Valdemartín y enseguida tengo que echar a andar. No voy bien y jadeo demasiado. Me noto bastante cansado. Mientras subo sigo pensando en el puesto que estaré ocupando en ese momento pero la verdad que le pierdo un poco la gracia y en algún momento me da incluso igual como quedar, estoy algo desanimado. De todas formas el fin de semana no ha sido fácil, psicológicamente hablando. El trastorno que llevo durante este año a veces sale a relucir, supongo que algo de esto tendrá que ver en este malísimo rato que paso en el trail. Es un cansancio, digamos, diferente.

Me adelanta un tipo al que por su aspecto denoto que debe ser de mi categoría. Lleva acompañamiento, una liebre que le guía y marca el ritmo, alguien sin dorsal. Le intento seguir un rato pero no puedo, además me sienta como una patada en la boca que haya buscado ayuda y además nadie le diga nada. Pienso en poner una queja al llegar a meta. Sin remedio le pierdo al igual que pierdo a otros participantes y sigo mi ritmo. Antes de subir a Cabezas de Hierro, punto donde se da la vuelta, empiezan a pasar los primeros clasificados ya dirección a meta. En el puesto 13 va el primero de mi grupo de edad, yo debo andar por el 25 o así, así que sigo sin saber cómo leches voy en mi categoría. Subo medio escalando hasta la cima de Cabezas de Hierro por esta larga subida saltando y trepando de piedra en piedra, recojo la pulsera que dice que he llegado a ese punto y vuelvo sabiendo que sin duda acabaré a pesar del cansancio.

 

Mis compañeros de viaje ya están lejos y es imposible alcanzarlos, por detrás tampoco parece que nadie me vaya a coger. En la última subida a Bola me adelanta un chaval jovencito del Diablillos que enseguida pierdo y en solitario me embalo hacia la línea de meta. Hay bastante público y como siempre se agradecen los aplausos. Entro en meta y me cuelgan la medalla de la prueba, esta vez bastante más bonita que el año anterior. Estoy contento pero no como los dos años anteriores. He bajado algo el tiempo respecto a las otras ediciones y no tengo ni papa del puesto ocupado aunque creo que no subo al pódium ni de coña.

 


No sé cómo explicar mi sentimiento tras acabar. Estaba cansado y psicológicamente algo jodido a la vez que contento por terminar esta dura prueba que en algún momento de este año pensé que no podría correr. Bebo mucha agua y como un plátano, poco más hay en el avituallamiento de meta, cada año dan menos. Luego en otras pruebas mucho menos exigentes te revientan a comer. Aún así soy poco explicito y me conformo sin enfadarme en absoluto. Charlo con un chico con el que coincidí también el año anterior y cambiamos experiencias vividas. El se baja pronto hacia el pueblo y yo decido esperar a las clasificaciones “por si aca”, y así también esperar a que llegue mi compañero Iván. Una vez en meta nos felicitamos y hablamos un rato, va acompañado de su familia y rápidamente se bajan para Navacerrada y así marchar pronto a casa, el cansancio hace mella, pero yo no tengo prisa alguna y tras recoger las cosas de boxes me tumbo en el suelo con vistas a la cima de Peñalara imitando a mi rival en la subida al puerto que está como un tronco y le imito galantemente hasta que oigo a un juez por megafonía decir que las clasificaciones están disponibles ya. Me levanto y veo que he quedado el 28 de la general y 4 de mi ggee. Medalla de chocolate y para casa. Qué rabia!! Pienso en el cobarde que iba con ayuda, sería ese el que me ha quitado el 3er puesto?? Que le den, sin liebre tampoco le hubiese aguantado el ritmo, pero si es, como si no es de mi categoría, semejante “deportista” no merece estar en la clasificación, ni presente en ninguna otra edición.



Según bajo el puerto pienso en que quizás al año que viene no vuelva. Hoy es martes, han pasado dos días, volveré seguro. Es la prueba de triatlón más bonita que hay, para mí sí.

 

Un saludo desde aquí a Iván que acabo con toda la fuerza y a Juli que se metió el half en 7 horas y media casi. Unas máquinas ambos!

lunes, 28 de julio de 2014

Triatlón de Elche 2014. Arenales 113.

Triatlón de Elche 2014. Arenales 113.



       Pues después de mucho tiempo sin escribir por aquí, ahora, cuatro meses después del triatlón que disputé en Elche, creo que me apetece contar que tal fue mi experiencia en ésta mi primera prueba de media distancia.
       Y vaya con la dichosa prueba, mejor dicho, con los entrenamientos para ella. Al ser una carrera tan temprana en el calendario, en el club realizábamos los mismos entrenamientos los de media distancia como los que también harían un Ironman en el mes de julio. Después ellos, a partir de Elche más o menos, seguirían subiendo más aún los entrenos para disputar dicha prueba, mientras que yo mucho antes de competir ya sólo deseaba que llegará Elche para dejar semejante agobio de entrenamientos y vida personal  y empezar sólo con los entrenos para corta distancia, como mucho olímpica.
       El invierno fue climatológicamente muy duro, días cortos a los que no acompañaba nunca ni las temperaturas ni el sol. Lluvia y más lluvia y aire para dar y tomar principalmente. Y todo esto acompañado al estrés de la vida familiar y trabajo se hizo realmente duro, duro de asimilar, organizar y por supuesto ejecutar. Pero mal que bien lo iba haciendo. Los entrenos de Ruth llegaban puntuales cada domingo. Una semana más por delante llena de cosas que hacer. No encontraba los huecos para poder realizar todo, era imposible, así que seguía lo que podía e incluso me ideaba un plan de entreno personal basándome siempre en el cuadrante de la entrenadora. Mi vida es un triatlón bien jodido, como la de tantos triatletas del montón como yo, éste sí es de los duros. Hago transiciones diarias a todo trapo. Por ejemplo, estoy en casa con las niñas, una de 6 meses, otra de 6 años, llega mi mujer, la espero en la puerta con la mochila de la piscina colgada, o la bici tras ella, o con las zapas, el mp3 y el gps listos para usar mientras corro. Llega, un beso, un hola y un hasta luego son suficientes para no perder más tiempo y realizar el entreno con el tiempo justo para llegar a casa a horas prudentes, y es que no se puede abusar tampoco mucho, bastante hago. O me voy a natación a las 7 de la tarde para nadar unos metros, ducharme y sin cenar ir a currar toda la noche, y así tantas cábalas para sacar tiempo al tiempo y hacer lo que tanto me gusta. Janet se porta bien conmigo, sabe lo que me gusta lo que hago y sufre las consecuencias de ello. Y es que sin el deporte, sin el triatlón en concreto, con su motivación, sus entrenos, su gente, en especial la de mi club, el Tricam, nunca hubiera soportado lo que desde hace mucho tiempo llevo pasando. Tema aparte... Lo necesito de veras. Y así día tras día, un entreno, otro, hoy me encuentro bien, al otro no puedo con mi culo, me ahogo en la piscina, no puedo subir a un ritmo normal ni Valdemorillo, al correr me cuesta respirar hasta a 5 minutos el kilómetro, pero al día siguiente vuelven las fuerzas y la moral sube como un globo sin sujetar. Cada entreno pienso en la prueba y principalmente en lo larga que será. Me da miedo principalmente la carrera a pie. Sólo he corrido una media maratón en la vida y esta de Elche la haré tras 1.9 metros de natación y 90 kms de bici sin drafting. Qué agobio por Dios!
       La fecha se va acercando, voy cogiendo kms corriendo y en la bici, no todo lo que quisiera pero creo que suficiente para acabar dignamente. En el agua noto muchísima mejoría. A falta de tres semanas unas zapatillas nuevas, regalo de mi padre y con las que pensaba correr el triatlón me joden el pie pa bien. Dejo de correr casi 10 días, lo que me faltaba y sólo troto algo la última semana, o sea tres semanas casi sin correr nada, nada menos. Y llega la prueba.

       Janet y las niñas me acompañan a Elche este fin de semana tan especial. Legamos el viernes y ya en el hotel el ambiente triatleta es grande. Cojo la bici y salgo a rodar media horita por parte del circuito del triatlón. Lo primero en descubrir no me gusta nada. Hace un aire huracanado que acojona en exceso. No hay dios que pedalee un mínimo de agusto. Para el día siguiente la previsión dice que disminuirá considerablemente, piiiii error. A la mañana siguiente hace igual. Por la tarde vamos a recoger los dorsales a la zona de salida, boxes, etc. La que hay liada es chica entre los inmensos boxes, carpas con marcas publicitarias poniendo los dientes largos a los deportistas y gente, gente por todos lados. Nos juntamos unos cuantos compañeros del tricam y charlamos un poco. Vamos a disputar la prueba Esteban el presi, Candelas, Cesar, Rober, Alberto, Pedro, Sergio Flor y Vázquez, y yo. Se hace tarde y nos vamos a descansar. Al día siguiente hay que darle duro.

       Suena pronto el despertador y con todo preparado la noche anterior me marcho para Arenales del Sol. La familia irá más tarde a ver al sufridor del padre. Allí me junto con los compañeros y nos preparamos para una larga jornada. Los nervios afloran y la incertidumbre ante una prueba que puede ir de 5 a 6 horas se me sigue atragantando y el pensamiento en la carrera a pie es mi principal miedo. No llego con buenas sensaciones ni mentales ni físicas para correr los 21 duros kilómetros. Y hay que destacar otra vez el airazo que hacía. Era tierra adentro y soplaba con una mala leche que muchos de los triatletas que llegaban a la T1 tras la natación se encontraban las bicis tiradas en el suelo o sus pertenencias como casco o portadorsales unos metros mas lejos de donde los habían dejado.
       Nos vamos para la arena de la playa y el mar se ve sereno. Y una vez más, como me pasó en Fuente Alamo, el mar se rebota y dice, - quién coño son estos peces de tierra que vienen a invadir mis tranquilas aguas?-. Pues a tomar por culo! Salen los elite, y alguna categoría más, ahora estamos preparados nosotros, los míos, y es cuando por megafonía dicen que el mar se está complicando en exceso y que los elite están teniendo problemas en la última parte del segmento por la fuerte corriente que existe, culpa parece ser de un tal viento de poniente. El mar se sale con la suya, nos quiere joder soberanamente. Pues no queda otra, a sufrir.
       Bocinazo y a correr para el agua, salgo con Cesar y Rober con el que me abrazo y nos deseamos suerte. Para mí esta es la prueba estrella del año, para él un entreno, tres meses después hará un Ironman, nunca antes hizo triatlón salvo algún sprint, menudos huevos tiene el torete. Empezamos a nadar y tiramos mar adentro entre grandes olas, o eso me parece a mí. Busco la primera boya que está lejos que te cagas, pero no voy mal. Ya llega giro a la derecha y esta parte, la segunda recta, es la más rápida, la corriente ayuda pero joder como se nota tantos metros y por un mar tan cabreado. Llego a la segunda boya y toca lo jodido. Qué lejos está la playa, ni la veo,  subo y bajo con el oleaje siguiendo a ciegas al resto de nadadores rumbo, o eso esperaba yo, a la playa. Hay que hacer fuerza extra tirando de poca experiencia para salir airoso de esta batalla. Aún así no voy mal de sensaciones, no me lo creo. La playa se va acercando y por fin llego. He tardado 37 minutos en cubrir 1.9 metros con un mar jodidísimo. No está nada mal pa un tipo como yo. Los entrenamiento de Ruth sirven de verdad, y eso que los suelo hacer yo solo ya que cuando entrenan en grupo los compañeros del club no suelo poder ir con ellos. Ahora una larguísima transición. Un kilómetro nada menos. Cuando me subo a la bici estoy harto de correr descalzo. Hay mucho público y claro, eso anima mucho. Me subo a la bici. 90 kilómetros por delante.

       De comienzo un cuestón, casi me caigo al perder el equilibrio al meter el pie en la zapa y por poco tiro a otro triatleta. Me disculpo y salvamos la situación. Habrá pensado que llevo dos días montando en bici. Empieza el aire, cómo pega el mu cabrón! Hay tanta gente que se hace difícil ir sólo, sin ponerte a rueda, aunque siempre intento dejar la distancia prudente para que el juez de la moto no me joda. En la zona de penalización siempre había cola. Yo la libré y no era fácil hacerlo ni jugando limpio. El circuito no era para mí. No podía ser más feo. Autovía, dos vueltas, llano o con repechos, aire o a favor o superencontra. Luego una subida, bueno, cuesta arriba sin gracia alguna y el tramo de enlace de la playa al circuito por el que también volveríamos hacia la T2. Aún de esta forma no se me hacen largos los 90 kms y casi todos los paso acoplado al manillar, incluso creo que estoy forzando bastante dado lo que queda después pero es que en la bici es donde mejor me encuentro. Al paso cercano al hotel donde nos alojábamos está Janet y las niñas, como siempre grita y me da muchos ánimos. La última parte pienso en bajar algo el ritmo ya con la mente puesta en la media maratón. En la bici me pasa Alberto como era de preveer y yo paso a Esteban. A Pedro y a Sergio Vázquez los veo en los giros pero no soy capaz de echarles mano. Va acabando la bici y tras varios repechos ya en Arenales llegamos al paseo marítimo donde están los boxes. Allí están animando las familias y otros compañeros del Tricam, Judoboy, Alberto Pastor, Nati y su novio, etc... Recibo sus aplausos y ánimos y echo a correr.

       Primera zancada, esto no va bien. Sé de inmediato que sufriré, algo no va bien y lo que queda es mucho. La carrera a pie es lo más bonito del triatlón, hay de todo, asfalto, tierra, subir escaleras muuuuy largas seguidas de un repechon, arena muuuuy fina de playa donde te hundes y no puedes casi correr, entretenida vamos. Primero paso las dunas corriendo despacio, pero corriendo al fin y al cabo, ya hace mucho calor y voy sufriendo mucho. Sólo pienso en lo mucho que queda. La cabeza no me acompaña tampoco. Vine desmoralizado por la carrera a pie, y aún corriendo sigo igual, o peor. Qué mal voy coño! Pienso en las escaleras y no como en un gran obstáculo sino como en un merecido descanso donde andaré dignamente, será cuesta arriba sí, pero andaré en vez de correr y así recuperaré algo de fuerzas para seguir el calvario. Paso las escaleras y ahora pienso en el avituallamiento donde devorar liquido y geles y como no, andar. Paso el avituallamiento y pienso donde andar más, las dunas. Llego y vuelvo a andar. Y así las tres vueltas, bueno son dos y media. En la primera vuelta al paso por meta veo a Janet con las niñas. Jodé la tía! cómo se las ha ingeniado para llegar con todas las carreteras cortadas desde el hotel hasta aquí. Con sus gritos me animo pero la hago un gesto de... -madre mía como voy y lo que me queda aún. Luego me dijo que no la hizo nada de gracia el gestito ya que estuvo acojonada toda la carrera creyendo que desfallecería en cualquier momento, no me extraña con la carita que llevaba. A Pedro no se cómo pero le adelanto a la altura de un avituallamiento mientras que en otras zonas me pasan Sergio Flor y Candelas que van muy fuerte. Siguen los ánimos en el paseo marítimo de los compañeros y la familia que se agradecen mucho y te ayudan a seguir un poco más. Janet y las niñas se tiran dos horas al sol pasándolas putas, pobrecillas, se lo agradezco muchísimo. Como se lo curran por mí. Gracias chicas. Va acabando y se que voy a llegar pero voy hecho mierda. Encaro el paseo marítimo, sólo queda una larga recta de público y palmeras y las piernas están abatidas. Los tirones me dicen que pare un poco pero sigo hasta que me da un arreón que me deja seco. Madre mía que leñazo! No queda otra que parar a estirar en una palmera. Si sigo cojo no podría ni coger en brazos a la pequeña para entrar a meta. Una vez estirada la zona sigo despacio y ya veo a mis chicas. Cojo a Africa en brazos y a Valle de la mano y corro los últimos 50 metros. Los mejores claro está. Hemos llegado, qué ilusión! Estoy contento pero me ha faltado disfrutar más. No lo he pasado bien y he sufrido en exceso. En todas las carreras se sufre pero en esta lo he pasado mal. No se si me explico. Simplemente ha sido un sufrimiento diferente, agonizante, no estar bien nunca y tener un cansancio de caballo toda la carrera que no fue normal. Aun así acabé mi primer medio Ironman y me dije no hacer nunca más una prueba así. Ahora como suele ocurrir creo que sí lo haré. Por lo menos para intentar disfrutar más dentro del sufrimiento, claro.

        Al final la media maratón se me fue a 2 horas 4 minutos y el tiempo total en la prueba de 5 horas y media. Pensé en hacer alrededor de 5 horas y se me piró 30 minutos más. En estas pruebas largas no puedes hacer muchas estimaciones y es lo que salió. La verdad me importa poco el tiempo. Aún con estos tiempos decir que casi nadie hizo el tiempo estimado, siempre un poco más. Entre el mar y el aire huracanado la cosa fue chunga para todos.

       Quizás vuelta a Elche, de hecho lo haré. Un 10 para la carrera. Volveré.

sábado, 29 de marzo de 2014

Triatlón de Elche 2.014. Un futuro sueño en familia.

     Falta un mes exacto para mi primer triatlón en distancia medio ironman. EL Triatlón de Elche, Arenales 113 me espera, en mi mente ya se empieza a avistar ese mar tempranero y calmo, o quizás no, quién sabe. Será el comienzo de un sufrimiento consentido, como siempre suelo decir. El profundo mar mediterráneo rozará mi cuerpo recubierto por la capa que proporciona el neopreno. 1.900 metros de angustioso y entrenadísimo nado y allí estará esperando mi más preciada joya deportiva. Colgada del sillín aguardará silenciosa. 90 kilómetros esperan en soledad, pelotones prohibidos, ir a rueda... ni por asomo, todo para mí solito. Cada loco a lo suyo. Pedalear fuerte a la vez que guardando algo para una media maratón posterior. La devolveré al acabar de nuevo a su sitio. Allí estarán las zapatillas de correr. 21 kilómetros de carrera a pie. Aquí mi mayor miedo. Sólo he hecho una media maratòn en mi vida, por supuesto nunca con la paliza anterior. Se hará lo que se pueda. Se disfrutará. Se intentará. Subiré escaleras, las famosas escaleras de las que todos hablan. Se correrá por la arena de la playa. Dicen que es una media maratón diferente. Un triatlón diferentne. Un triatlón único. Quiero disfrutarlo. Quiero sentirlo. QUIERO ACABARLO. Y por supuesto quiero cruzar el arco de meta con mis niñas, en brazos Africa, y Valle de mi mano.
    
     Gracias a ellas dos y a su mamá, mi mujer, Janet, por hacer que pueda estar en este sueño, por intentar conseguirlo. Por el tiempo que las he quitado para poder lograrlo. Por ello llegaré, por vosotras, y por todo lo que hemos y estamos pasando, para que esto nos dé más fuerzas aún. Nosotros sí que podemos. Es digno ser feliz, que coño! es obligatorio, y vosotras tres así me hacéis sentir. Os quiero. Gracias mis niñas.

martes, 11 de febrero de 2014

I Duatlón del Melón 2013


I DUATLON DEL MELON

 


      El famoso pueblo de Villaconejos, mundialmente conocido por la exquisitez de sus melones, de ahí el nombre de la prueba, iba a ser el lugar donde disputaría este duatlón de carretera. La proximidad a Chinchón donde pasaría unos días en casa de mi padre fue la clave para apuntarme a dicha prueba.

       Así pues el domingo por la mañana salimos para Villaconejos Janet, Valle y yo. En el campo de fútbol municipal están preparados los boxes y la verdad me parece que todo está bastante bien organizado, es su primera edición. Como siempre voy preparando todo y salgo a calentar. Los primeros 5 kilómetros son en una estrecha carretera a dos vueltas en recorrido lineal de ida y vuelta. Los siguientes 20 en bici se harían en un circuito a una vuelta y circular y para terminar 2.5 kilómetros recorriendo la mitad de los primeros 5.

       Una vez todos preparados en línea de salida se realiza un minuto de silencio en memoria a las víctimas del fatídico accidente ferroviario de Santiago.  Y tras el emotivo silencio se da la salida. El ritmo es fuerte, para variar, y enseguida se estira el grupo. Somos 200 corredores, límite de participación. No me encuentro del todo bien y lo doy  todo por la carretera que va dejando atrás Villaconejos. A lo lejos veo a los primeros y se me hace largo el primer cambio de sentido. No dan la vuelta nunca, pienso. Voy muy cansado para llegar hasta allí otra vez en la segunda vuelta. Por fin, y no entiendo como ha podido tardar tanto en llegar, los primeros vienen de frente. Yo también llego momentos después y ahora vamos dirección al pueblo. Oigo en un corredor el tiempo que llevamos y es cuando entiendo todo. Han cambiado las dos vueltas por una alejándonos 2,5 kilómetros del pueblo para luego volver en la misma distancia, total 5 y primer sector. Cuando me quedan un par de minutos para llegar a la T1 ya salen los primeros montados en sus burras. La transición la hago rapidísimo, 48 segundos, y monto sobre la bici.  Cogemos la misma carretera del run y enseguida empiezo a pasar gente. La parte coincidente con la carrera a pie es más menos llana para continuar con una buena bajada hasta desembocar en la carretera que va desde Colmenar de Oreja a Aranjuez, ésta en falso llano con algunos repechos importantes. Cogemos dirección Colmenar y unos cuantos corredores que nos hemos juntado nos relevamos a un ritmo muy alto mientras alcanzamos algunos corredores. Hay uno que va muy fuerte y se acaba marchando sólo para adelante. Cómo va el tío, tremendo. En la bici me encuentro muy bien y antes de llegar a Colmenar giramos a la izquierda para coger una estrecha carretera con asfalto en pésimas condiciones que nos llevará de nuevo a Villaconejos. Aquí nos da alcance un grupo y juntos vamos hacia la T2. Ahora entramos en el pueblo por la parte opuesta a boxes y lo atravesamos entero a toda leche. Bajo muy bien de la bici y la transición la hago como un rayo, 47 segundos, se va notando la experiencia. Toca la última parte y ahora estoy más animado y a la vez menos desubicado que en la primera parte. Aquí pierdo alguna posición, dos o tres corredores me pasan pero les mantengo la corta distancia que me han sacado. Ahora si, se gira el el punto kilométrico 1,250 para en una vuelta hacer los 2,5 finales y rápido se llega al pueblo para entrar en meta. Recibo por última vez los ánimos de mi familia, también mi padre está por allí, y entro muy contento en meta.




 

El duatlón en tiempos:

Total:……………. 1:06:38

5 kms run: ……….19:15

20 kms bike:…….. 34:53

2,5 kms run: ……. 10:51

T1:………………..48”

T2:………………..47”

domingo, 24 de noviembre de 2013

Moral Trail 2013


       Pues todo un acierto correr esta prueba. Me apunté sin mucho convencimiento por la distancia a cubrir pero animado por volver a correr en la montaña. Ahora es difícil conjugar la carrera en la montaña con la vida familiar y es más fácil correr cerca de casa, donde por desgracia los parajes no se asemejan para nada a los que pudimos disfrutar el día del Moral Trail.

       José Luis, compañero del club de triatlón, y yo, fuimos hasta Moralzarzal para correr este trail de 17 kilómetros. El cerro de Cabeza Mediana, con una altura de unos 1.330 metros, guardaba las pistas y senderos que deberíamos recorrer. Esta montaña, llamémosla aislada, se encuentra entre los términos de Becerril, Collado Mediano y Moralzarzal, separada por una pequeña distancia llana de la verdadera sierra de Guadarrama. Montaña normalmente ignorada al paso por el lugar, si bien forma parte de la bella orografía de este enclave, las vistas por lo general se suelen dirigir a las altas cumbres o a la cercana Pedriza. Pero ahí está este bello cerro, y dentro de él, cientos de caminos, pistas y senderos que harían sin dudarlo, las delicias de los que nos atrevimos a participar.  

       A las diez y media se da la salida, salimos juntos unos 400 participantes, de los cuales 100 harían una prueba de 9 kilómetros, allá por el kilómetro ocho éstos tomarían un  directo hacía el pueblo para completar la prueba más corta.

       Los primeros 500 metros son por asfalto y cuesta arriba, a partir de aquí no tocaríamos más este duro terreno hasta llegar al final del trail al mismo lugar y completar los mismos metros en sentido contrario en dirección a meta.

       A partir de dejar el asfalto una sucesión de caminos y senderos, y también campo a través, se suceden haciendo un recorrido espectacular, lo disfruto muchísimo y me encuentro bien. El primer kilómetro lo hago en 4:33, muy rápido contando la primera subida, voy viendo la cabeza de carrera y sigo la estela de mi experto amigo en estos terrenos, José Luis. Hasta el kilómetro diez hay tres fuertes y largas subidas donde por narices hay que caminar apoyando en los muslos las manos, la pendiente es muy alta. Y como subidas que hay, también hay bajadas. Aquí José Luis se me va unos metros, y en las partes más técnicas, tengo que dejar que me pase algún corredor para no obstaculizarle. La experiencia en las bajadas en este terreno es primordial y yo no la tengo. Corro mucho bajando pero algunos no corren, vuelan. Allá por el kilómetro 6 o 7 José y yo hablamos unos momentos con el que ha sido ganador del Gran Trail de Peñalara en todas las distancias, 60, 80 y 110 kilómetros, Luis Alonso Marcos, aparte de otros grandes logros y gestas con los que cuenta en su carrera deportiva a lo largo de todo el mundo. El figura nos dice que esta carrera se la toma tranquilo porque no siempre hay que ir con el corazón en la boca, pues yo le llevo así. Un honor compartir con este máquina unos kilómetros. En las subidas le acababa pasando y en las bajadas me pasaba increíblemente rápido, inhumano.

       En el 10, en la zona con más altitud de la prueba, hay avituallamiento líquido y sólido, cojo un plátano a la carrera y me dispongo a bajar una de las zonas más técnicas del trail. Mucha parte de la bajada es un circuito de descenso de mtb. Pienso en los ciclistas que bajan por ahí, madre mía! Aunque tampoco es moco de pavo bajarlo corriendo. Como digo algunos bajan que da verdadero miedo. Aquí José Luis se me escapa algo pero lo veo entre los árboles siempre por debajo de mí hasta que de repente me tuerzo el tobillo, no ha sido nada y sigo. Al rato y allá por el kilómetro 12 me lo tuerzo otra vez, joder! ahora es evidente que me he hecho daño y salto sobre la pierna buena perdiendo velocidad, paro unos segundos y corro despacito cagándome en to´. Sigo corriendo a ver si se pasa pero sigo con dolor, voy despacio. Me pasa gente que debe pensar en lo mal que bajo, puñetero tobillo. Estoy perdiendo posiciones y me da rabia. Unos kilómetros atrás nos cantaron a José Luis y a mí que ocupábamos más menos el puesto 30. Sigo hasta que parece que el dolor remite algo, aunque se que algo no está en su sitio ya. Falta menos para meta pero es un buen trozo aún del cual la última parte es bajada técnica, pero cabezón corro y corro. De nuevo en una zona de subida adelanto algún puesto. El tobillo por lo menos me deja correr. Llega la última bajada, el pueblo está cerca y se escucha la megafonía de meta. La bajada está aquí y el tobillo empieza a hablar. Llegaré como sea, -me digo-. Toco asfalto y abajo al fondo se ve la meta y bastante público. Corro muy deprisa, el tobillo habla ya en voz baja, no le queda otra, paso de escucharle, qué mas da, se que no va a callar en cuanto me pare y me enfríe...

       Contentísimo al cruzar la línea de meta. He salvado la distancia y el duro recorrido, salvando 1.700 metros de desnivel acumulado, y salvo el percance me he encontrado muy, muy bien. Me encuentro con José Luis y chocamos las manos. Ambos estamos contentos y él ha hecho un carretón ocupando el puesto 32 sacándome al final cuatro munutejos. Le comento lo del tobillo y nos vamos a un bar a por hielo ya que como se preveía el mismo empezó a hincharse como por arte de magia.

      

       En meta ocupo la posición 48 con un tiempo de 1 hora 37 minutos.


       La montaña tira, tira mucho, es genuina, es singular, es grandiosa, y correr en ella es la vida.

lunes, 23 de septiembre de 2013

I Triatlón Bola del Mundo 2013


     



Y por fin me desvirgué en distancia olímpica, y de que manera. Rondaba finales de 2012 y una noticia a través de internet encendia una bombillita de ilusión en mi cabeza. Mi intención de realizar al año siguiente algún triatlón olímpico tomaba forma y fecha. La noticia decía algo así como “ El final de la etapa reina de la Vuelta a España en la Bola del Mundo acogerá un triatlón”. El recorrido, el entorno, la cercanía a casa y todo ello en mi sierra de Guadarrama, auguraba sin duda un triatlón especial. Sin más, y aún con miedo a las distancias, especialmente de natación, me apunté sin demora. Sería en mayo así que tendría tiempo de entrenar de sobra y darle caña al agua principalmente. Finalmente el clima tan adverso que sufrimos en toda la península, el cual alargó de manera casi crítica al ya de por sí largo invierno de Madrid, hizo que la organización suspendiera irremediablemente la prueba aplazándola al mes de septiembre.

 

      Finalmente el largísimo invierno pasó, como pasó la primavera y casi, casi el verano para así llegar a la fecha esperada, el 15 de septiembre. Durante este año y hasta la fecha en cuestión me he curtido en algunas batallas donde se aprende por narices y como no, vas cogiendo experiencia en este mundo del que nunca se sabe todo. Triatlón de Fuente Alamo, Triatlón de San Rafael en Segovia ambos en distancia sprint, Triatlón Wilf Wolf Madrid en distancia short y sin drafting, así como duatlones de carretera como el Campeonato de Madrid de Duatlón, duatlones cross y alguna carrera popular. Sin duda la fecha tardía también ha valido para llegar más curtido a la cima Coppi de mi historial triatlético.

 

      El recorrido no podía ser mejor ni más duro. La natación se realizaría en el embalse de Navacerrada con la peculiaridad de que nosotros inauguraríamos este bonito embalse en cuanto a la disputa de una prueba deportiva en sus aguas. El ciclismo constaría de casi 40 kilómetros realizando un circuito de dos vueltas de unos 20 kilómetros por los pueblos de Cerceda, Mataelpino y Navacerrada enlazando en la última vuelta con la subida al criminal puerto. Y la carrera a pie de 10 kilómetros se desarrollaría por la famosa cresta de esta bonita sierra, la llamada Cuerda Larga, coronando los picos de Guarramillas, Valdemartín y Cabezas de Hierro Menor para finalizar a los pies de la Bola del Mundo.
 

 
      El sábado, día previo a la carrera, mi familia y yo subimos hasta la T2 a dejar preparado todo lo necesario para el paso por esa transición al día siguiente. Para ello utilizamos el telesilla en el que nuestra peque disfrutó de lo lindo. Desde este medio de transporte montañero se veía todo lo que al día siguiente nos ibamos a encontrar, y porque no decirlo, los nervios afloraban, iba a ser un recorrido monumental. Al llegar a la T2 todo estaba montado ya, me entregaron la bolsa de corredor, dejé todo preparado e hicimos unas fotos. A mi mujer no le hacía nada de gracia lo que veía. Al día siguiente no me podría acompañar como suele hacer en otras carreras, y es que la logística para este tipo de pruebas es compleja y entre el madrugón, el tiempo de espera y su estado actual no dejaban que mis chicas vinieran conmigo. Para colmo mis dos compañeros de club Jose Luis y Sergio Flor tampoco estarían al darse de baja cuando la prueba fue suspendida allá por el mes de mayo. Así que al estar allí, en vivo y en directo, ver esas grandes montañas con el pico de Cabezas de Hierro a lo lejos hasta donde deberíamos correr, la subida cementada a la Bola y demás cositas de este supertriatlón no hacían más que causarle temor por mí, también es normal, a mí me pasaría, y sólo le salían estas palabras por su boca, “ya puedes tener cuidado Isra, ten mucho cuidado, en cuanto puedas me llamas, no te olvides”, y para acabar y como no podía ser de otra manera, “estáis locos”.

 

      Esta vez toca madrugar, a las 5:30 estoy en pie, tomo un desayuno ligero y emprendo el camino hacia Navacerrada. No llega a una hora de viaje y el escaso tráfico ayuda en ello. Por el camino veo estrellas, muchas estrellas y me alegro soberanamente. La predicción a principios de semana era de lluvias, al final cambió y el domingo parecía que iba a ser muy bueno. Llego a Navacerrada, aún es de noche. Son las 7 y poco de la mañana, la salida es a las 8, y cerca del pantano ya hay mucha gente. Tranquilamente voy preparando las cosas, cojo la bici y me uno al deambular de mis compañeros de aventuras atletícas en dirección a la T1. Se sienten los nerviecillos. De repente alguien me llama por mi nombre y me encuentro a Alex, compañero de trabajo, y de deporte, claro. Juntos nos vamos hacia la T1 y éste parece ser el único que no está nervioso, será la experiencia digo yo, o que coño, lo disimula muy bien. Poco a poco va amaneciendo y la hora se va acercando. Voy preparando las cosas aún con muchas dudas de que ponerme cuando salga del agua y coja la bici. El día es bueno pero ya no es julio ni agosto y refresca bastante. Ya se verá. Una vez puesto el neopreno el cual es opcional dada la temperatura del agua, unos 20 grados, nos vamos acercando a la orilla. El embalse está precioso con el amanecer y sus tranquilas aguas hacen de él una increíble e inmensa piscina natural rodeada de bellas cumbres que más tarde, ojalá, podrán sentir mis pies al correr. Somos 200 y pico triatletas, la mayoría a realizar la distancia olímpica y unos pocos otra más corta. Nosotros saldremos primero. Serán dos vueltas de 750 metros. Es la primera vez que nado esta distancia en competición pero ahora ya no tengo miedo. Mucho tiempo atrás quedaron esos comienzos donde un largo de 25 metros me dejaba jadeando. He entrenado mucho y el miedo se ha ido, ahora sólo hay respeto.

 

      Desde el agua se da la salida. Dos grandes boyas en medio del lago marcan los giros a realizar. Me coloco a la izquierda, no quiero ser golpeado en exceso y desde el principio recibo pocos golpes y agobio. Me encuentro bien y voy a lo mío. Primera boya muy abierto, cero agobios y golpes, segunda boya igual. Aparte de querer ir por fuera yo solito me voy para la izquierda una barbaridad, cada vez que saco la cabeza tengo que enderezar el rumbo. A mi izquierda no va nadie nunca, a mi derecha todo dios. Primera vuelta, salimos del agua, se corren unos 25 metros para lanzarnos de nuevo. A mitad de la segunda vuelta empiezo a notar un pequeño amago de tirón en la pierna pero no va a más y consigo salir muy bien. Contento mientras corro por la moqueta a por mi bici me voy quitando el neopreno mientras pienso que tengo hecha una parte de esta aventura. El tiempo que realicé fue de 25 minutos y algo. Ni loco creí poder hacer ese tiempo nunca. Sin prisas pero sin pausa me quito la parte de abajo del neopreno y opto por no ponerme ni maillot ni manguitos, así que me pongo el casco, las zapatillas y cojo la bici. Al irme me dejo las gafas, ¡qué marrón!. Las busco en la mochila rápidamente y me voy corriendo unos 200 metros hasta la línea de los jueces donde me subo a la bici y comienzo mi segundo segmento.

 

      Nada mas empezar es cuesta arriba, muy cuesta arriba y por pavés. La bici bota en exceso y deseo pisar asfalto rápidamente. En cuanto llego a él empieza una bajada y enseguida enlazamos con el circuito al que daremos dos vueltas. Cogemos mucha velocidad, nos hemos juntado unos cuantos y nos damos relevos. Giramos dirección Mataelpino y comienza una buena subida. Aquí se observa claramente que cada uno coge su ritmo y la mayoría opta por no quemarse a rueda de nadie que no sea de su nivel y es que queda mucho para reventar tan pronto al cuerpo. Me hago reservón y no fuerzo mucho en ningún momento aunque tampoco voy de paseo.  Me junto con un chico con el que hago todo el triatlón. Llevamos más o menos el mismo nivel y nos entendemos perfectamente. Segunda vuelta y la cabeza ya sólo piensa en el puerto, bueno y también en la carrera a pie. Desde la segunda vuelta y hasta el final vamos pasando gente de la prueba corta, los cuales han nadado la mitad que nosotros y al circuito de ciclismo sólo le han dado una vuelta, también pasamos a alguno de la prueba larga. Empieza Navacerrada y el ritmo que llevo es muy bueno. Las piernas me van bien y me noto fuerte, aún así no fuerzo más de lo que me exige la subida donde en ocasiones como en la zona del Ventorrillo no quedan más huevos que forzar un poquito las patas, y es que mi cabeza sabe bien lo que aún queda, los temibles tres kilómetros y medio finales de bici y el trail de 10. Otro dato singular en el puerto es el corte de tráfico. Aunque extraño, la organización a logrado para esta prueba restringir el tráfico a motor en toda la carrera lo que hace a mi conocida subida a Navacerrada una preciosa ascensión en plena armonía ciclista-naturaleza. Sigo subiendo y cogiendo gente junto a Javi, mi compi de viaje. Cuando la pendiente lo permite compartimos alguna pequeña conversación, se le ve buen tío, a veces me pasa el relevo y yo lo hago igualmente. En la Fuente de Los Geólogos está el primer avituallamiento pero no cojo nada. No he bebido mucho y aún tengo líquido en el portabidones, suficiente para acabar. Aquí empieza a hacer algo de frío y es que se empieza a notar la altitud. Pero se acerca el final del puerto de Navacerrada en sí, situado a 1.860 metros de altitud. Un llaneo de sólo unos 25 metros y empieza el calvario, se acabó cualquier frío en el cuerpo. Nos deseamos suerte Javi y yo y  metemos todo el desarrollo que llevamos. Hasta aquí, hasta Navacerrada puerto he subido en varias ocasiones, pero hasta la Bola nunca, por lo menos en bicicleta. Se de lo extremo que es, no hay más que ver los porcentajes en su altimetría, y a pesar de haber intentado ir en alguna ocasión a verlo antes de la carrera finalmente nunca subí estos últimos y salvajes 3 kilómetros y medio.

      He subido hasta el puerto muy bien, creo que nunca lo he subido igual y estoy animado a hacerlo bien en lo más duro. Un giro a la derecha, enseguida dejamos el puesto de la Cruz Roja a nuestro lado y una S con asfalto cementado y peligrosa tierra suelta nos da la bienvenida en forma de rampa al 18% de desnivel. Desde este momento me doy cuenta de que al porcentaje imposible hay que sumarle el estado de esta pista de cemento que no hace más que endurecer la subida durante todo el recorrido final. Nos retorcemos desde el primer momento mientras en lo alto se divisa donde deberemos llegar. Son 400 metros de desnivel en 3 km y medio con rampas continuas durísimas llegando a algunas al 21%. Nunca pensé que una rampa del 10% sería un alivio, pues así era, en ellas se descansaba, buff, y había pocas. Llega un momento donde no sabes lo que estás haciendo, subes por inercia y pienso en algún momento que esto no es ciclismo, esto no se me asemeja a pedalear. No me parece que lo haga, sólo ejerzo una fuerza brutal en mis piernas para que no se pare del todo mi bici, casi sin pensar en que lo que hago es dar pedales. La vegetación es inexistente aquí, el entorno precioso, y el marco ciclista sublime. Los metros van pasando lentamente, todavía se ve muy alto el Bar La Bola donde el día anterior estuve con Janet y Valle preparando mi paso por allí. Sé que ahora viene otra zona durísima, más si cabe. En un giro a izquierdas la carretera se convierte en pared. Asusta encontrártelo de frente y pienso que no seré capaz de subirlo pero tiro para arriba apretando los dientes. El público empieza a aparecer y sus ánimos son un aliciente único en este momento. La sucesión de curvas de herradura es abrumador en porcentajes. Pasamos al lado del público que nos ánima los cuales andando lentamente pueden ir a nuestro lado sin problemas. El final va llegando, se que lo conseguiré. Última curva a la izquierda y en falso llano de 50 metros llegamos a la T2. Una subida indescriptible, preciosa, dura, emocionante. Subiendo pensé que no era ciclismo, cuando llegué arriba me consideré ciclista.

 

      Cuando entro en la T2 veo que acaba de salir Alex. Me había sacado 3 minutos en la natación y en el ciclismo le había recortado yo a él. Aquí al igual que en la T1 no cojo ropa de abrigo y salgo con el tritraje a correr como hacen la mayoría. Me pongo mis zapas de trail, la visera, dorsal adelante y a correr. Seguimos juntos Javi y yo también en la carrera. Cojo unos geles en el avituallamiento y me tomo uno. En la bici no tomé ninguno, sólo bebida isotónica y juntos corremos por la montaña. El trail empieza en subida pero aquí se puede correr sin problemas. Las piernas me van muy bien aún muy al contrario de lo que pensé y del miedo que tenía a correr después de subir semejante puerto. En ocasiones Javi se queda algo rezagado, sobre todo en las bajadas, en las subidas me pilla de nuevo. Desde las mismas antenas se inicia un descenso donde al acabarlo hay un avituallamiento, termino el gel que me tomé al principio y bebo del liquido isotónico que da la organización. Es gaseoso y está malísimo. Por los siguientes avituallamientos opto por el agüita de toda la vida. Aquí empieza una subida fuerte al Cerro de Valdemartín toda por un pequeño sendero muy visible pero pedregosillo. No se puede correr pero andamos a todo trapo. Antes de coronar ya corremos y de nuevo una larga bajada. Al final de esta un nuevo avituallamiento y la subida por excelencia a Cabeza de Hierro Menor. Casi toda andando, a veces corriendo y la última parte trepando. Trepando por las rocas a la vez que buscando el camino de ascenso. No era para perderse ni mucho menos pero había que mirar un poquito. Por fin se corona, hay un miembro de la organización también triatleta porque hace fotos, te da una pulsera y te indica donde hacer el giro y el camino de descenso a seguir. Me dice si quiero otra foto, y le digo que porque no. Pues allí en lo alto quedo bien plasmado, hasta hago una pose. Empieza el descenso complicado y técnico, en ocasiones buscando por donde bajar. Me encuentro bien y sólo queda la vuelta. Aquí se me ha ido algo Javi pero no me pico con él. La bajada se las trae pero voy bastante rápido. De nuevo la subida a Valdemartín y en el descenso me alcanza la primera clasificada que por cierto me dice al ver mi indumentaria que perteneció a mi club el año anterior. Nos juntamos un rato en la subida a Guarramillas ella, Javi y yo. Sé que voy a acabar el triatlón con el que tanto soñé.  La última parte hasta las antenas de La Bola del Mundo, y aunque siendo cuesta arriba, los tres corremos a buen ritmo y a partir de aquí unos 400 metros de bajada hasta la meta. En la bajada me relajo aunque irremediablemente me embalo. Abajo al fondo se ve la meta, hay mucho público, la mayoría nos aníma, así como lo hacen los montañeros que en su día de excursión se han encontrado con este tinglado en la cima de esta mítica montaña madrileña. Se agradecen soberanamente esos ánimos y con un cansado pero horóico “gracias” se lo hago saber. Estoy muy feliz y es emocionante la llegada. Llego y aprieto los puños mientras sonrío. Y vuelvo a repetir, es emocionante. Nunca en una carrera me he emocionado tanto. Sin llegar a llorar eso sí, pero el acongoje le tenía, y es que hace relativamente poco tiempo tuve que dejar el ciclismo por tener una hernia discal que me tenia destrozado física y moralmente. También hace relativamente poco empecé a nadar y sólo un poquito de tiempo antes, a correr.
       Llegar aquí, correr esta prueba, disfrutarla como la he disfrutado y finalizarla de esta forma, tan feliz, simplemente emociona. Será porque este deporte es eso, emocionante.
 
       Tiempo total: 3h:49':56"
       
       Natación: 25’:44”
       Ciclismo: 1h:55’:11”
       Carrera: 1h:21’:59”
       Posición General: 45º
       Posición Catg.: 15º





 





 









 
 

viernes, 5 de julio de 2013

Triatlón Wild Wolf. Triatlón Villa de Madrid 2013. SHORT


      
Poco a poco, esa es la frase elegida por los más veteranos de este deporte. La puedes escuchar infinidad de veces en tu paso por este deporte. ¿Y por qué? Pues nada más lejos que por la “ansiada ansiedad” de querer hacer y lograr los retos más difíciles cuanto antes, como si la vida nos fuese en ello, sin disfrutar de todo el camino que precede al gran logro. La gente olvida que con las distancias más pequeñas, su preparación, entrenamientos y sacrificio, éstas también acaban convirtiéndose en grandes logros.  Parece que la gente se aburre y decide, así de buenas a primeras hacer pues eso, ¡ala!, un Ironman, simplemente y como diría un tal Loreal, porque yo lo valgo.

       Mi intención principal no se aleja mucho de este dicho, quizás equivocado, quizás no. Mi reto era hacer, este segundo año, un medio Ironman y más exactamente el Ecotrimad. Todo quedó en un deseo y finalmente pensé que el 2014 sería el año, prefería ir “poco a poco”. Tampoco quería, como he llegado a ver en alguna competición a la que he asistido como público, tener que hacer la media maratón andando simplemente por el hecho de llegar. Ya con un entreno digno esto puede ocurrir, andar más de la cuenta, pero hacerlo por hacerlo a sabiendas de que sufriré como un perro llegando casi, casi a perder la cabeza y no saber ni donde estás, no me iba ni un cacho. Este año he entrenado muy bien y todo en mí ha cambiado, mi cuerpo, mi mente y mi forma física. Diría que nunca, ni en mi época como ciclista, he estado tan fuerte y me he encontrado tan bien. En este caso doy las gracias a esos pedazos de entrenos que cada semana me manda Ceci y que intento seguir todo lo que puedo, y como no a mis compañeros de club que sin ser, por desgracia, muy asiduas mis comparecencias en los entrenos con ellos, entre whatsap, foro y coincidencias en la piscina y competiciones también se aprende muchísimo.

Era el momento, la distancia short del Triatlón WILD WOLF de Madrid era la prueba para desvirgarme de la distancia sprint.

 

       El ambiente como suele ser en estos casos era excelente. Los coches empezaban a llegar a las proximidades de la zona del lago de la Casa de Campo de Madrid donde estaba ubicado todo el tinglado que conlleva la organización de un triatlón con ambas transiciones en el mismo lugar y con tal cantidad de participantes. Las bicicletas y sus jinetes cargados con grandes mochilas a rebosar de nervios se aproximaban en cuenta gotas a la zona de boxes donde dejar todo preparado para sus dos pasos por ese lugar. A mi llegada los participantes de la distancia half ya han empezado hace un rato. En el día de hoy se celebran dos pruebas, la Half y la Short, la mía, el día anterior se celebraron la super sprint, sprint y olímpico. Veo a lo lejos como algunos participantes corren en busca de sus bicis desde el lago en dirección a boxes, así como a algunos otros que ya están comenzando su andadura ciclista. Algún día haré tales distancias yo también, o eso espero. Poco a poco… Primero bajo a recoger el dorsal y vuelvo al coche a preparar todo. Coloco los dorsales en la bici, casco y portadorsal. Me pongo el chip. Inflo las ruedas, etc… Una vez en boxes y cuando tengo todo preparado me doy cuenta de que me falta el gorro de natación, me lo he dejado en el coche y como no queda otra me doy una caminata con la mochila de los nervios a cuestas en busca del desaparecido gorrito rojo que indica que salgo en la primera tanda. Y allí estaba, se había caído entre los asientos del coche. Otra vez para abajo. Entrego la mochila en el guardarropa y me marcho hacia el pantalán. De momento no he visto a ninguno de mis tres compañeros de equipo que harán la distancia short. Cuando llego ya hay gente que calienta en el agua pero aún falta un rato para empezar y me quedo mirándolos nada más. La gente dice que el agua está muy buena, incluso alguno dice que mejor que la de la piscina climatizada. Pues una vez me lanzo al agua a calentar un poquito doy fe de lo oído, está de lujo. Qué comparación a la del último triatlón en Segovia donde aún con el neopreno te quedabas congelado. El pantalán se empieza a llenar de gente. Está a punto de dar la hora. Ahora veo a Sergio que llega algo justo de tiempo y seguidamente a Alberto. Luis, el compañero que falta y a quien no conozco aún, saldrá en otra tanda posterior. Ya sólo estamos en el pantalán los participantes con el gorro rojo y se da la salida.

 

       Me he puesto por la parte derecha y delante de mí se tira bastante gente. Tengo que esperar unos segundos antes de lanzarme si no quiero caer encima de alguien. Veo un pequeño hueco y me lanzo. 950 metros por delante. Mi mayor distancia compitiendo. Empiezo bien y no noto ni un solo golpe. ¡Qué gusto joder! Últimamente me machacaban. Las distancias entre boyas se me hace corto. Voy muy bien y disfruto de cada brazada. Se que el ritmo no es muy rápido pero no me importa. Es la primera vez que nado a gusto y  sin agobios y llegar con buenas sensaciones es mi prioridad. En los giros hay golpes irremediablemente pero estoy fuerte y recupero rápido la compostura y sigo con mi nado. En la última parte me han pasado unos 4 atletas que han salido en la segunda tanda dos minutos después que yo y sin más llego a la rampa de salida. Corro por el pantalán y un largo camino por moqueta azul llena de piedrecitas debajo de ésta hace que corra como quien evita chinchetas mientras anda descalzo.

        La transición la hago bien y por primera vez no me calzo las zapatillas, van en los pedales. Corro y se me hace largo hasta la línea donde los jueces te permiten saltar sobre la bici.

        Salto y el gemelo izquierdo que me molestaba algo al salir del agua se me da la vuelta. ¡Menuda putada! Meto los pies sin problemas y en un principio voy ligero y estirando la zona. Enseguida meto el trancazo y que sea lo que Dios quiera, comeré y beberé a ver si se subsana pronto el problema muscular y sobre todo no me da guerra en la carrera final. Paso a muchos corredores, algunos de mi distancia y otros muchos de la distancia half que llevan un paso mucho más lento. El circuito me gusta. Son dos vueltas de 20 kilómetros cada una de ellas con algunos repechos más bien largos y sobre todo una subida tendida pero larguita en los últimos 5 kilómetros de cada vuelta y ésta dentro de la misma Casa de Campo. El sector de ciclismo es sin drafting y por lo general observo un buen comportamiento en los participantes. Me gusta tirar yo solito sin ir a rueda o sin que nadie se acople a la mía. No quito el plato en ningún momento y me encuentro bien aunque el gemelo no  me deja estar al 100%, pero no me puedo quejar. En la segunda vuelta adelanto a Sergio y a Alberto que evidentemente han salido antes que yo del agua y lo hago en la última subida del circuito ya cerca de la transición. En esta zona hay gran cantidad de público donde cómo no, hecho de menos a mi familia que no han podido estar animándome esta vez. La T2 la hago muy rápido y justo cuando empiezo a correr llega Sergio a dejar su bicicleta. Nos animamos y seguimos la tarea. Ahora quedan 10 kilómetros. Es la primera vez que corro esta distancia en triatlón y temo los calambres sobre todo. Voy a por todas.

 

       La carrera son dos vueltas a un circuito de 5 kilómetros, dos y medio de ida y otros tantos de vuelta. Los dos primeros kilómetros y medio y hasta que giras 180 grados para volver en dirección opuesta se me hacen eternos y parece que hubieran sido siete. Hago el giro y me encuentro a Sergio de frente. Paso del avituallamiento y sigo dirección a la primera vuelta. Antes de llegar al kilómetro 4 más o menos me adelanta Sergio, nos animamos y le mantengo toda la carrera unos 50 metros delante de mí. También nos cruzamos con Alberto y Luis animándonos mutuamente siempre. Se está haciendo duro y empieza la segunda vuelta. Somos muchos atletas en el circuito. Aquí nos hemos juntado también las dos distancias. Las piernas no van mal pero están tocaditas y el cansancio general se nota ya demasiado. Me tomo un gel que cogí de la bici y que llevaba en la mano justo antes del avituallamiento donde cojo agua que me hidrata bien y me quita la pastosidad que dejan estos geles en los labios y dientes. También los chorros de agua colocados por la organización son un buen aliado contra el calor, vienen de lujo y te dan ese pequeño plus para continuar algo más fresquito. Hace calor, el día es ejemplar en este sentido y aquí en la Casa de Campo se agradece mucho la gran cantidad de zona arbolada que hay en el circuito de los 10 kilómetros. Sigo viendo a Sergio pero en los últimos dos kilómetros y medio me saca un poco de ventaja. Lo está dando todo el jodío. Yo también pero un pelín más lento, jeje. Se acerca la meta. Estoy muy contento, he pasado con nota la distancia, me lo he pasado en grande sabiendo sufrir y haciendo un tiempo muy bueno según mis expectativas. Se ve la línea de meta y su rampita para cruzarla, la subo y cierro ambos puños al pasar bajo el arco, sin levantar los brazos, en señal de rabia y satisfacción. Voy por el buen camino, estoy haciendo las cosas bien y disfruto de cada entrenamiento para saborear a conciencia después cada competición.

 

       Aquí dejo los tiempos que realicé. Y lo de las fotos, una pena. La organización no puso fotos, apenas 20, y contando que mi familia, que es mi reportaje fotográfico, no pudo venir, pues no he salido en ninguna. Qué rabia!